Es curioso lo propia que es la cultura. Lo es como algo personal, que está dentro de nosotros, que se pega a nuestras emociones. No hablo de la enseñanza pública, ni de su privatización, hablo de la educación, de esa planta de nuestra mente que crece con la cultura, con el cultivo, con su cuidado. Pero a veces, la planta puede ser venenosa, o corrupta y dar malas hojas.
Cuenca, con su poder cultural y su flora tan especial, con densos pinos de educación asentada e inmóvil y con chopos que crean incendios de conciencias, también tiene su cultivo y lo mantiene vivo e insensato.
Podrán crecer altos robles, de trayectoria reconocida, de sabia y sales minerales suficientes para mostrar una entereza y una moral adecuada. Pero hasta los más altos caen, hasta los más reconocidos perennes logran diluir sus hojas y ser caducas, ser esgarra-mantas, ser ideas sombrías, insensatas. Ser creedores de liderazgo y divulgadores de círculos de poder, de poder marchito, como la hoja amarilla en otoño que cae al suelo cual lumpen, indefenso, escupido por aquellos que se hacen llamar defensores de los obreros.
Sabrán ustedes de que tipología de árbol me refiero, uno endémico de nuestra ciudad, el otro de la televisión, de las Iglesias.
Nuestra Semana Santa, la que emociona al ateo, es cultura, es un cultivo artístico, literario, que recita sus historias por las calles estrechas y empinadas. A pesar de ello, es un huerto extraño, de representación de la muerte y no de la vida esplendorosa del posible árbol de lo humano. Extraño en su historia y en sus divulgadores. Pero a pesar de cualquier circunstancia, es nuestro cultivo, aquel que da de comer a muchas familias, aquel que hace a personas, y a sus plantas, enriquecerse, con orquesta y clarín, con paso y turba.
Seamos un cultivo sensato, sin dictamines banales sobre esculturas, sin juicios superficiales sobre las personas. Vayamos a la raíz con metáfora y no con pistola, desmontemos lo insensato con el castellano y no con el idioma del café relajante, de la invasora de la alcaldía, de la botella, cual hermano de Napoleón. Plantemos sensatez.
24 · 03 · 14