Es la mancha amarilla,
quien se despliega y alarga,
tan enormemente pequeña,
sobre la albufera valenciana.
Pino y álamo recuerdan,
ciudad sobre hoces que vuelan;
se mueven y quedan quietas y hondean,
con el viento del centro vienen y regresan.
Es la soledad la incertidumbre,
de gestos confusos, de preguntas solas.
Ella es la pregunta, como sus miradas,
sus piernas, el deseo y la nada, el hambre.