Existe un lugar oculto, desconocido al mundo, encerrado ante la realidad, pero existe y vive, entre aquí y allí, y se crea con nosotros, y resurge mitad del día, cuando nosotros no existimos pero creamos.
Es el sentido más poderoso, pero opuesto, pues metafísico, a todos los demás. Está abajo, pero domina, no lo vemos, pero construye. Quizá lo encontrará bajo usted, pero no bajo sus pies, sino bajo su envoltura, la que toma la física, la palpable. Es -sub pero porque es un nombre, pues allí yacen las inspiraciones del alma, pues es alma, es espíritu, es onírico y anti-material, por eso se concibe pero no se estudia, porque sin fe no es nada, es una palabra, vacía, olvidada.
A veces viene, cuando nosotros nos vamos, pues es algo, entre lugar y todo, pues es la esencia, es divino. Lo atraemos al pensarlo; cuando está con nosotros. Pero no nos saluda, nos paraliza. Es curioso, entonces, lo absurdo que te hace sentir una reflexión sobre caminar, mientras se discurre el camino, pues no es sino su terreno, allí donde nosotros viajamos a su espacio y él al nuestro.