Observas esa silla vacía, llena de suciedad, telarañas y recuerdos. Sigue en aquella esquina, mostrando aún su sonrisa, presentándose de nuevo entre mente y corazón, siendo un pasado en este presente incierto de razón.
No hay lugar, da igual el barniz, solo volvería a palpitar sentimientos si las corrientes de sangre encontraran tus labios bajo tu nariz. Pero el rojo se volvió gris. Ahora disfruto de tus visitas, de tus sonrisas, sintiendo tus patas de madera, recordando los recuerdos que un día hicieron hielo y tierra en mis sentidos, y hoy son disfrute de amigos, de lo único que sintió tu respaldo conmigo.
Todavía me mira, junto a su amiga, pero olvidan y olvido que los muros invisibles frente a mi son como la hormiga, que poco a poco se hunde en su hormiguero… buscando a la reina.
8 · 8 · 14