Sorprende como la incompetencia se abre paso, sumisa, sierva, en un sistema educativo paupérrimo, degradado, organizado en la debacle.
Continúan avanzando, firmes, en un despropósito, aplastando el trigo de un huerto vacío y recogiendo el pan ajeno, sembrado, y nuevamente aplastado por el poder de la incultura, por el poder de la incoherencia.
Quien siembra miseria, recoge miserables, pero sobre todo, recoge rabia. La rabia de los decentes, de los críticos.