VII · ile

Así que de madrugada no se apagan los claveles, se mantienen expectantes a la salida del sol, activos, verdes como las hierbas de la colina… pero lo hacen con cautela, desde lo más pequeño y no desde lo alto de su tallo, pues están vivos pero acostados, casi dormidos, encendidos, con la luz de la luna que fluctúa la intensidad con el paso de las nubes, con el paso de las cabezadas.


22 · 7 · 14