pensar, crear, construir, repensar

Últimamente, caminamos sin riesgo ni futuro, sin esperanza ni inmortalidad.

Paseamos por nuestra escuela imitando los pasos del siglo pasado, gritando el agobio de una arquitectura que no cambia, modernizando lo moderno hasta la extenuación.

Rozamos con nuestros dedos, aquella madera que nos guía al taller de cada
mañana, con una esperanza, la idea.

Una idea sin barreras ni obstáculos, un guiño de esperanza, un paso al frente
del acantilado, una escala que no cabe en los muros del tiempo pasado.

Y es donde nace, donde muere.

Cae derrotada ante la imitación, ante la continuación de las ideas de los
libros de reseñas obligatorias.

No vuela, ni escapa, ni grita.

Balcón de la ETSAV, mirando al este.

Escuchamos, aprendemos, anotamos, dibujamos… toda esa explosión de cada jueves en el Aula Magna, que se atrapa en nuestros cuadernos, que nos muestra la contemporaneidad de lo que hacemos y nos habla de algo, del salto, de la materialización de las ideas sin obstáculos, del riesgo, de una esperanza en nuestros futuros, de una huella… imborrable.

Y es entonces, cuando repensamos las ideas, y abrimos la puerta roja, y entramos, y nos hacemos la pregunta.

¿Representa nuestra escuela esta explosión?

Observamos los espacios, los vacíos, la luz, y encontramos los dibujos de esa
nueva arquitectura, pero no hayamos la idea, no encontramos su construcción. Hasta que un día, nos paramos a pensar, y creamos una idea, y nos pusimos a construirla…

Miramos al cielo, desde aquellos bancos encerrados y solitarios entre los vidrios de la segunda planta. Rodeados de verde, pensamos en el suelo duro de cada clase.

Cerramos la puerta de aquel aula frente a la escuela de caminos, que no tuvo nunca horario, ni miedo a quedar encendida escuchando las discusiones del proyecto o los clics de nuestros ratones.

Subimos de nuevo a aquellas alargadas mesas en lo alto del CIA, donde el trabajo en grupo era constante y la electricidad no escaseaba.

Descansamos en aquellos sofás que ocupaban el largo corredor, y que habían olvidado la soledad de la sala de profesores.

Recorrimos la escalera principal y entramos al hall norte, mirando el alargado vidrio que dejaba entrever la transparencia de una representación estudiantil que cada vez entendía menos de representar y más de participar.

Acabamos allí arriba, en esa terraza donde la brisa nos hacía recordar la maravillosa escuela que poseíamos.

Encendimos la música, y empezó aquella fiesta, que antaño huía de nuestra escuela, que no tenía cabida en el lugar donde pasamos la mejor parte de nuestra vida.

Riesgo, futuro, esperanza, inmortalidad, eran las palabras de aquella idea que llevó a nuestra escuela de arquitectura a repensarlo todo y ser partícipe, de la contemporaneidad de nuestra época.

reflexión sobre la situación actual de la ETSAV y hacia dónde debemos ir, enmarcada dentro del proceso electoral de la Delegación de Alumnos.

8 · 11 · 15