
Cristo en el desierto. Iván Kramskói. 1872
A ti, Jesús, no te creo dios ni como hogar el cielo.
A ti, Jesús, te recuerdo en tu odio y en tu benevolencia. En tu misericordia y en tus imperfecciones.
A ti, que miraste por todos pese a no conocer sus nombres.
A ti, que te aprecio sin oraciones ni libros sagrados.
A ti, hoy te relato, cómo hicieron de tu muerte la remembranza de tu presencia en La Tierra. Quedó tu vida en un texto y tu sangre esculpida en una belleza horrorosa sólo entendida bajo la mirada artística y pasional.
A ti, decirte que permanece tu imagen icónica e irreal en posesión de quienes te besaron y ultrajaron.
A ti, que no eres hijo de Dios, sino de María, ni salvaste a la humanidad, sino que estuviste con ella hasta el final.
A ti, que no obraste milagros sino que entendiste la espiritualidad del ser humano.
A ti, Jesús, te recuerdo como el humano humilde que supo dar, respetar y servir.